Por
Verónica Guerrero Mothelet publicado en la Revista “¿Cómo ves?” de la UNAM.
La historia de las
adicciones es tan antigua como la historia del hombre mismo, lo cual es lógico
ya que estás han sido y son resultado de la naturaleza del cerebro humano. Las
investigaciones en este campo han demostrado que desde la noche de los tiempos,
en la mayoría de las civilizaciones ancestrales, el fumar tabaco o marihuana,
mascar hojas de coca, esnifar preparados psicoactivos, beber pócimas son
algunos de los ejemplos más notorios sobre el uso de lo que hoy se conoce con
el nombre de drogas (Becoña, 1998b).
Durante mucho tiempo el
problema de las adicciones fue concebido por la sociedad como un problema de
falta de moralidad y una muy débil fuerza de voluntad, en otras palabras, era
un problema meramente conductual relacionado con un comportamiento erróneo
derivado del mal albedrío de cada persona y a una pronunciada ausencia de
entereza e interés para decidir hacer lo correcto y llevarlo a cabo. Desde la
tercera década del siglo anterior, en que la ciencia empezó a abordar de manera
formal investigaciones en este campo, hasta nuestros días, se había tenido
dicha concepción del problema, no solo a nivel social, sino incluso por algunos
estudiosos del tema.
El problema de las
adicciones nunca es un problema ajeno, es decir, nunca es el problema de alguien
más, todos, directa o indirectamente conocemos a alguien que tenga algún tipo
de adicción, ya sea al cigarro, al alcohol o a otro tipo de drogas menos
aceptadas socialmente hablando y la mayoría de nosotros, incluyendo a quienes
padecen una adicción seguimos percibiendo las adicciones como un problema de
índole moral.
Las adicciones pueden ser
hacia muy diversos objetos, pero la manera en que responden todos los sujetos
que las padecen es sumamente parecida, ya que todas las adicciones generan la
misma reacción química en el cerebro y este descubrimiento es justamente la
causa por la que actualmente se ha transformado la manera de concebir, prevenir
y curar las adicciones.
LA
CONCEPCIÓN ACTUAL DE LAS ADICCIONES.
Hoy en día, las adicciones
ya son definidas como enfermedad crónica caracterizada por la búsqueda y el uso
compulsivo de una sustancia a pesar de saber los daños que ocasiona y aunque a
la fecha no existe una cura definitiva y permanente, se sabe que dicha
enfermedad puede ser tratada incrementando la calidad y duración de la vida de
quienes la padecen.
Los estudios de la investigadora
mexicana-estadounidense Dra. Nora Volkow, quien estudió medicina en la UNAM y
es hoy directora del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados
Unidos (NIDA, por sus siglas en inglés) revelaron a través de la observación de
la imágenes cerebrales el efecto de las drogas sobre diversas zonas del cerebro
y permitieron encontrar la causa física de la dependencia de algunas sustancias
como la cocaína y los opioides. Dicho descubrimiento llevó a entender por qué
quienes padecen esta enfermedad, aunque quieran, no pueden dejar las sustancias
que son objeto de su adicción por sí solos, sino que realmente necesitan de
tratamiento particular, lo cual es un indicador fehaciente e importante de que
las adicciones tienen todas las características de una enfermedad. Actualmente
la adicción se considera una enfermedad del cerebro debido a que se ha
comprobado científicamente que las drogas alteran la química, la estructura y el
funcionamiento de ese órgano, lo que permite definirla como tal y no como un
mero problema relacionado con una moralidad deficiente de quienes la padecen y
falta de fuerza de voluntad e interés por superarla.
PRINCIPALES
CONSECUENCIAS DE LAS ADICCIONES.
De acuerdo con el Dr. Rubén
Baler, científico de la salud de la Oficina de Políticas Científicas del NIDA
"La adicción es una enfermedad que progresa por etapas", explica,
además, que en la primera etapa las personas utilizan sustancias para alcanzar
la euforia que brindan, pero este consumo de drogas se convierte muy rápido en
enfermedad en quienes las utilizan en forma crónica. El cerebro empieza a
adaptarse a la sustancia y aparecen los primeros signos de dependencia. Dentro
de algunos signos que sugieren adicción, destacan los siguientes: consumir la
droga de manera regular, imposibilidad de dejarla, gastar en droga más de lo
que se tiene, extralimitarse para obtener droga (incluso robar) y sentir que se
necesita la droga para funcionar cotidianamente.
Un efecto inequívoco es la
pérdida de control aparte de que la misma le produce dependencia, tolerancia,
síndrome de abstinencia y una incidencia negativa muy importante en su vida, Gossop
(1989) definió como elementos característicos de una adicción: 1) un fuerte
deseo o un sentimiento de compulsión por llevar a cabo la conducta particular
(especialmente cuando la oportunidad de llevar a cabo tal conducta no está
disponible); 2) la capacidad deteriorada para controlar la conducta
(especialmente, en términos de controlar su comienzo, mantenimiento o nivel en
el que ocurre); 3) malestar y estado de ánimo alterado cuando la conducta es
impedida o la deja de hacer; y 4) persistir en la conducta a pesar de la clara
evidencia de que le está produciendo graves consecuencias al individuo. En la
misma línea, Echeburúa (1999) considera como características principales de las
adicciones la pérdida de control, la fuerte dependencia psicológica, la pérdida
de interés por otras actividades gratificantes y la interferencia grave en la
vida cotidiana. Ahora, gracias a las investigaciones de la Dra. Volkow, se
pueden explicar todos los efectos anteriormente descritos, la respuesta es
porque las sustancias que son objeto de las adicciones cambian la química del
cerebro, es decir, las sustancias y compuestos presentes en él, así como su
estructura, es decir, su anatomía y como resultado de ambas cosas, su dinámica
fisiológica; dicho de forma simple, la manera en que funciona. Padecer un
adicción hace que nuestro cerebro no sea el mismo y se vuelva adicto al consumo
de la sustancia por la que inició la enfermedad.
El abuso de las drogas
modifican varias áreas del cerebro como el tallo cerebral, responsable del ritmo
cardiaco, la respiración y el sueño; la corteza cerebral, que procesa la
información sensorial y nos permite pensar, planear, resolver problemas y tomar
decisiones (aquí se origina el círculo vicioso de la dependencia), y el sistema
límbico, donde se encuentra el circuito de recompensa del cerebro. Dicho
sistema lleva al individuo a repetir conductas necesarias para la supervivencia
y la reproducción como alimentarse y tener sexo y todo esto resultado de los
cambios en el cerebro como secuela de la adicción.
Una vez en el cerebro las
drogas impiden su sistema de comunicación e interfieren en el proceso normal de
intercambio de información neuronal, ya que las células nerviosas se comunican
por medio de sustancias químicas (neurotransmisores) que transmiten mensajes entre
ellas. Una neurona libera el neurotransmisor, que cruza el espacio
interneuronal, conocido como sinapsis, y se adhiere a un receptor (una
proteína) en otra neurona. Neurotransmisor y receptor embonan como una llave en
una cerradura, pero al estar presente una droga, todo este proceso se ve
alterado.
La composición química de
las drogas como la mariguana y la heroína es tan similar a la de un
neurotransmisor natural, que los receptores las aceptan como si fueran el
neurotransmisor. Otras drogas, como las anfetaminas y la cocaína, hacen que se
generen una cantidad exagerada de neurotransmisores naturales o inhiben al
organismo para que recicle el exceso de estas sustancias. En consecuencia, el
mensaje interneuronal se intensifica, impidiendo una comunicación normal.
La mayoría de las drogas
interfieren con la actividad de un neurotransmisor llamado dopamina, cuyo papel
es fundamental en las sensaciones de placer. De acuerdo con la Dra. María Elena
Medina Mora Icaza, directora del Instituto Nacional de Psiquiatría "Ramón
de la Fuente Muñiz" (INPRF) "El cerebro está condicionado a repetir
conductas que permiten la supervivencia y las drogas actúan produciendo una
activación mucho mayor de la que ocurre en las situaciones naturales de
recompensa”, es decir, el cerebro se
vuelve incapaz de sentir placer por las recompensas naturales, pues se
acostumbra rápidamente a las dosis masivas de dopamina que se producen al
consumir una droga, lo que provoca que reduzca su producción natural, o bien
disminuyendo la cantidad de receptores que captan la señal de este
neurotransmisor. Así, cuando falta la droga el cerebro ya no cuenta con
dopamina suficiente y la persona deja de disfrutar cosas naturalmente
placenteras, lo que conduce a la apatía y a la depresión. "Cuando el
cerebro comienza a adaptarse a altos niveles de dopamina, el individuo tiene
que usar más y más droga para obtener el mismo efecto", añade Rubén Baler.
Es decir, se genera tolerancia a la droga. En el individuo que ha llegado a
esta etapa, la falta de droga provoca el llamado síndrome de abstinencia, con
síntomas como ansiedad, irritabilidad, náuseas, insomnio, episodios de
sudoración, temblores y psicosis, y puede llevar a la muerte.
Algunas investigaciones demuestran
que la tolerancia a las drogas puede ocasionar severos cambios en las neuronas
y en los circuitos cerebrales, con secuelas generalmente graves. Por ejemplo,
si el abuso de drogas altera la concentración óptima de un neurotransmisor
llamado glutamato, que participa tanto en el circuito de la recompensa como en
la capacidad de aprender, el cerebro intentará compensar el cambio dañando en
ocasiones la función cognitiva. Igualmente, el abuso de sustancias a largo
plazo suele ocasionar condicionamiento: ciertos factores ambientales se
empiezan a asociar con la experiencia de la droga y provocan un deseo
incontrolable de consumirla.
Tal condicionamiento llega a
ser tan fuerte que la adicción puede resurgir incluso tras muchos años de
abstinencia.
Según Baler: "El cuerpo
es uno, y lo que vemos como dependencia psicológica es una manifestación de los
cambios en el cerebro, que intenta adaptarse y manejar niveles anormales de
neurotransmisores". El consumo crónico de drogas deteriora el autocontrol
y la capacidad de tomar decisiones adecuadas; estas adaptaciones del cerebro a
las sustancias llevan al ansia incontrolable de consumirlas aunque el individuo
sepa que tienen efectos catastróficos.
Todas las adicciones pueden
tener graves consecuencias para la salud y las relaciones humanas y, por tanto,
para el bienestar personal, familiar y social. Este trastorno afecta varios
circuitos cerebrales. "No solamente el circuito que calcula la
recompensa", dice Rubén Baler, "sino también los relacionados con el
aprendizaje, con la memoria, con el control de emociones, con la toma de
decisiones; son varios circuitos. Todos interactúan entre sí y muestran una
disfunción en el adicto". Asimismo, dependiendo de la sustancia y del
tiempo que se haya empleado, los efectos sobre la salud pueden ir de
enfermedades cardiovasculares, enfisema o cáncer, al desarrollo de trastornos
mentales irreversibles.
Siendo adicto se corre
también el riesgo de sufrir o infligir a otras personas algún daño no
intencional, o de incurrir en actos de violencia o delitos por influencia de
las drogas o de la abstinencia.
PRINCIPALES
CAUSAS DE LAS ADICCIONES.
Ahora que la ciencia nos
permite concebir a las adicciones como una enfermedad y conocer sus efectos en
el cerebro y por tanto explicar la conducta de quienes la padecen, es necesario
saber cuáles son las causas que las originan, es decir, por qué el ser humano
se vuelve adicto a alguna sustancia determinada.
Se han identificado dos
principales tipos de factores que propician la tendencia a ser adicto, esto
son: De origen Biológico y de origen Ambiental.
Los factores biológicos son
innatos, es decir, son factores genéticos que determinan cierta tendencia en el
individuo a tener alguna adicción y explican entre el 40 y 60% del riesgo
total.
El resto de los factores son
Ambientales, es decir, factores adquiridos de nuestro entorno y son de tipo
social, cultural e incluso dietético (como en el caso del consumo de sal,
azúcar y grasa, entre otros alimentos).
De acuerdo con Baler no
existen personas sin riesgo genético absoluto. "No se trata de uno o
cuatro genes que sean malos". Contamos con miles de genes. En última
instancia, el que se desarrolle el comportamiento adictivo dependerá tanto de
lo innato como de la influencia del entorno. De tal modo que hasta una persona
que tenga genes que propician el comportamiento adictivo, si en su primer
entorno (familia, amigos, compañeros de escuela) no se usan drogas ni se tiene
contacto directo con las mismas, será muy poco probable que dicho individuo
desarrolle adicción, lo cual indica que debe existir la incidencia fuerte y
directa de ambos factores para que se presente la adicción.
Para Baler algunos
individuos pueden ser más vulnerables que otros, ya que presentan un mayor
riesgo de desarrollar una conducta de abuso de sustancias y son las personas
propensas a conductas de riesgo o a la búsqueda de novedades.
Factores
de Riesgo:
De acuerdo al National
Institute on Drug Abuse dentro de los Principales Factores de riesgo
relacionados con las adicciones se encuentran los siguientes:
• Conducta agresiva temprana
• Habilidades sociales deficientes
• Ausencia de supervisión paterna
• Compañeros/amigos que abusan de
sustancias
• Disponibilidad de la droga
• Pobreza
La adolescencia como factor
de riesgo.
Uno
de los factores de riesgo y vulnerabilidad más importante para padecer algún
tipo de adicción es la adolescencia. La Dra. Medina mora explica "Toda la
parte del cerebro que es responsable del juicio, raciocinio y control de la
conducta se desarrolla hasta los veintitantos años". Como los adolescentes
suelen tomar sus decisiones a partir de las emociones y no del juicio y el
raciocinio, es más probable que abusen de las sustancias. El problema principal
es que en esa etapa de desarrollo el cerebro es mucho más vulnerable. "La
adolescencia es una época en la que se están desarrollando todas las conexiones
y exponer el cerebro a las drogas a esa edad tiene consecuencias mucho más
dañinas", indica la especialista. Los daños que causa la mariguana en el
cerebro pueden ser reversibles en las personas que la empiezan a consumir en la
edad adulta, pero no hay evidencia de que lo sean cuando el abuso comienza en
la adolescencia. Las investigaciones sugieren que en este caso las
consecuencias duran mucho más. "Al reunir a todas las personas que han
estado expuestas una o más veces al uso de sustancias, controlando todas las
demás variables, hemos encontrado que quienes desarrollan dependencia
generalmente comenzaron a usar drogas dos años antes que aquellos que no la
desarrollaron. Y aunque el punto de corte son los 17 años, para el caso de la
mariguana tenemos el riesgo incrementado hasta los 26 años". Esto
significa, según la especialista, que los adolescentes no deben ni beber, ni
fumar, ni usar otras drogas "y que tenemos que trabajar con todas las
políticas públicas que nos ayuden a protegerlos".
Por
lo que se refiere a los usos medicinales de la mariguana la doctora Medina Mora
señala: "Todo este asunto de la mariguana medicinal realmente confunde a
los jóvenes". Si bien anteriormente pudieron exagerarse los daños que
provoca, esto no significa que sea una droga inocua. Asimismo, es un error
pensar que, por ser un producto natural, no hace daño. "La heroína y el
opio también provienen de productos naturales y causan una dependencia
terrible". Además, es un riesgo que ocurra con ella lo mismo que con
algunos medicamentos para aliviar el dolor, que pueden causar fuertes
dependencias y son actualmente el principal problema de abuso de sustancias en
Estados Unidos. En ambos casos, manejados correctamente cumplen su función,
pero si se hace incorrectamente, pueden ser muy peligrosos
Otros padecimientos mentales
como factor de vulnerabilidad..
Otro
grupo de riesgo está formado por las personas que tienen algún tipo de
padecimiento mental, como bipolaridad o esquizofrenia. "Sabemos que existe
un gran porcentaje de comorbilidad (es decir, de presencia de dos trastornos
simultáneos: la adicción y una enfermedad mental)", afirma el Dr. Baler.
Aproximadamente 60% de las personas con problemas de abuso de sustancias tienen
también una enfermedad psiquiátrica.
La
Dra. Medina Mora ilustra con el caso de un niño con problemas de ansiedad; por
ejemplo, las fobias que surgen más o menos a los siete años. Si este niño llega
a la edad adulta sin encontrarse con las drogas o con el alcohol, probablemente
ya para entonces podrá resolver su problema. No obstante, si en su adolescencia
prueba el alcohol y descubre que éste reduce la ansiedad, confundirá ese efecto
con la solución de sus problemas y será mayor el riesgo de que desarrolle
dependencia. Ya adulto seguirá teniendo el problema de la ansiedad y además una
adicción. Es importante identificar lo más pronto posible a la gente que padece
enfermedades psiquiátricas o, en general, que es más vulnerable a caer en
adicciones.
El
uso de drogas como la mariguana en edades tempranas aumenta el riesgo de
depresión. Algo similar sucede con la esquizofrenia, cuyo riesgo aumenta entre
una y siete veces en quienes empezaron a fumar mariguana antes de los 25 años.
LA DEPENDENCIA ES UNA
CONSTANTE, PERO PUEDE VARIAR.
Se
sabe que una constante en el padecimiento de las adicciones es la dependencia,
lo cual ya quedó explicado con anterioridad, pero que es lo que ocasiona que
algunas drogas generen mayor dependencia a ellas que otras, la respuesta según
la Dra. Elena Medina Mora es que hay sustancias que por sí mismas son muy
adictivas como la heroína que desde que se usa por primera vez ocasiona una
modificación estructural del cerebro, pero otras sustancias adictivas como el
alcohol, el tabaco y la benzodiazepina (medicamento psicotrópico que actúa
sobre el sistema nervioso central) producen dependencia muy rápido en las
personas propensas.
Existen
tres elementos que son clave para que se genere una adicción; lo adictiva que
sea la droga, su disponibilidad o accesibilidad y el grado de aceptación
social, es decir que tan permisiva sea la sociedad con respecto a su consumo.
La directora del INPRF señala que el riesgo se puede medir en un laboratorio
con modelos animales. Por ejemplo, una rata de laboratorio es capaz de preferir
la cocaína al alimento hasta la muerte, pero esto no sucede con la nicotina.
Sin embargo, entre los humanos hay tres veces más adictos a la nicotina que a
la cocaína y esto tiene que ver con que la nicotina es más fácil de adquirir y
su consumo no es del todo mal visto por la sociedad. En el caso del alcohol,
otra droga de fácil acceso y con amplia aceptación social, entre el 10 y el 15%
de las personas que beben desarrollan la dependencia. Uno de sus principales
síntomas es el aumento de la tolerancia; es decir, se necesita beber más para
experimentar los efectos deseados. La tolerancia se desarrolla muy rápido y
anteriormente se explicó dicho fenómeno por el condicionamiento del cerebro
llevando a perder el autocontrol y cayendo de manera franca en manos de la
dependencia.
OTRO TIPO DE ADICCIONES.
No
toda adicción está relacionada con el uso y abuso de alguna sustancia, existen
otras adicciones que no implican el consumo de alguna droga. Un descubrimiento,
realizado por investigadores del Scripps Research Institute de California en
estudios con animales, en 2010, sugiere que los mismos mecanismos cerebrales
que participan en la adicción a las drogas aparecen en la compulsión de comer y
el consecuente desarrollo de la obesidad. En ambos casos el exceso puede
provocar una descompensación en el circuito de recompensa; en los comedores
compulsivos, los impulsa a buscar alimentos ricos en grasas. Esta similitud
hace pensar que muchas de las compulsiones, o conductas adictivas humanas (por
ejemplo, adicción al sexo y a los juegos de azar) podrían tener relación con
desequilibrios de dopamina o de otros neurotransmisores. Así, aunque en
principio estas conductas no sean adictivas, pueden llevar a la adicción.
Actualmente
destacan las nuevas adicciones comportamentales sin sustancia, como resultado
de nuestra sociedad tecnológica, como la adicción al Internet, a los juego de
azar, al teléfono móvil, a las líneas telefónicas eróticas, a la pornografía, a
las compras, y a un amplio etcétera de conductas que pueden llegar a ser tan
adictivas como las que se generan a partir del consumo de una sustancia
(Becoña, 1998b).
EL TRATAMIENTO DEBE SER COMO UN TRAJE A
LA MEDIDA.
La Dra. Medina Mora señala
que "las drogas también son un problema social con muchas facetas porque
tener un adicto en la familia la modifica, afecta su calidad de vida y tiene un
impacto emocional, económico y social". Por esta razón se buscan enfoques
de tratamiento que permitan a las personas con adicción abandonar la sustancia,
pero al mismo tiempo que modifiquen, desde el aspecto bioquímico y conductual,
las causas que provocan y agravan su adicción. Para que un tratamiento sea
efectivo debe atacar por todos estos frentes. "Por ejemplo, hay que
entrenar de nuevo los circuitos neuronales que calculan las recompensas
naturales: la de la comida, la de salir con amigos, la del sexo. Todos los
aspectos de la recompensa natural que se volvieron disfuncionales en el
adicto", señala el Dr. Baler.
Lo mismo sucede con los
circuitos relacionados con la voluntad (memoria, emociones, toma de
decisiones). "Cada uno de estos aspectos relacionados con las funciones
ejecutivas tiene que ser atacado de un modo distinto", dice Baler. Así,
algunos pueden recibir tratamiento con fármacos; otros requerirán terapias
cognitivo-conductuales o intervenciones motivacionales, entre otras terapias de
eficacia probada en las personas adictas y que también suelen combinarse con
fármacos. No obstante, añade Baler, "el mensaje importante es que la
adicción conlleva el desajuste de muchos circuitos, y que para tratar al adicto
deben tenerse en cuenta todas las disfunciones al mismo tiempo".
LA PREVENCIÓN COMO MEJOR
ENFOQUE.
Pero
para no llegar a necesitar tratamiento De acuerdo al Dr. Baler la mejor opción
para evitar el desarrollo de un adicción y por tanto evitar la necesidad de
buscar un tratamiento es la prevención universal: "Evitar todo lo que
sabemos que es dañino y tratar de promover y enaltecer lo que sabemos que es
positivo".
Anteriormente
se señaló que entre los factores negativos se encuentran en el ambiente próximo
como, por ejemplo, los padres adictos, la pobreza extrema, la mala nutrición,
la falta de ejercicio, así como un ambiente que no sea confiable para los
chicos y, desde luego, un entorno de violencia. "Deben evitarse esas
actividades desafiantes, o de franca delincuencia", pues son factores de
muy alto riesgo. Baler añade que no es cuestión de magia. "Todo lo que
promueve un ambiente saludable por fuerza va a reducir el riesgo absoluto de
abuso de sustancias".
Por
su parte la Dra. Medina Mora agrega que "tenemos que trabajar para que se
deje de vender alcohol a los adolescentes", lo que sucede incluso en
tiendas establecidas que funcionan las 24 horas. También hay que detener la
disponibilidad de inhalables y de cigarros sueltos. Proteger a los adolescentes
de las drogas es fundamental (también anteriormente se ha explicado con el gran
riesgo y vulnerabilidad a las adicciones en dicha etapa del crecimiento del ser
humano), "pues toda la evidencia de salud pública nos habla de un riesgo
mayor en la adolescencia”. Al documentar tanto la investigación que ha
realizado la Dra. Volkow como la que ha financiado el Instituto Nacional de
Psiquiatría se encontraron todos los elementos que definen la adicción como una
enfermedad tratable. Ahora la política pública debe reunir esta evidencia
científica, compartirla con la población y convertirla en una convicción
social.
De acuerdo al National
Institute on Drug Abuse dentro de los Principales Factores de Protección se
encuentran los siguientes:
• Autocontrol
• Relaciones positivas
• Supervisión y apoyo paterno
• Información
• Políticas contra el uso de drogas
• Cohesión comunitaria
CONCLUSIÓN.
Es
muy importante destacar que la concepción actual de las adicciones ha cambiado
gracias a las investigaciones con rigor científico que se han implementado en
este campo, lo cual ha permitido que se dejen de entender como meros problemas
de moralidad deficiente y falta de interés y fuerza de voluntad para
combatirlas por parte de quienes las padecen,
Se
debe comunicar de manera masiva y con especial énfasis el hecho de que las
adicciones son en realidad una enfermedad de tipo crónico que se ocasiona por
el uso de ciertas sustancias que una vez en el cerebro modifican su estructura química,
física y por tanto su funcionamiento, lo cual hace que el individuo sea incapaz
de superarlas por sí mismo y sin tratamiento alguno.
Las
adicciones deben ser concebidas como enfermedades que si bien, no tienen cura
definitiva y permanente, pueden ser tratadas a modo de mejorar la calidad y
duración de la vida de quienes la padecen.
En
términos generales las consecuencias del consumo de drogas son de tipo
conductual, familiar y social, todas ellas como resultado de los cambios que
generan en el cerebro las sustancias que son objeto de la adicción, mismas que
al entrar en contacto con dicho órgano lo alteran a nivel químico, anatómico y
fisiológico transformando a quien lo padece en un individuo incapaz de tomar las
decisiones correctas ni de superar por sí mismo dicha enfermedad y haciéndolo
cada vez más dependiente a la misma, hasta causar, en la mayoría de los casos,
consecuencias sumamente dramáticas, catastróficas y generalmente irreversibles
de no ser tratadas oportunamente.
Dentro
de las causas podemos identificar dos tipos de factores: los biológicos
(genéticos o innatos) y los ambientales (los adquiridos por la influencia del
entorno). Cabe destacar que los estudios demuestran que para que se origine una
adicción debe haber una franca relación entre ambos, lo cual es muy revelador
porque da la pauta para identificar la mejor alternativa de solución a dicho
problema social, que es justamente la prevención.
La
adicción nunca es el problema de una sola persona, es un problema de nuestra
sociedad que sigue vigente aún con todos los avances de la ciencia y esto
obedece a que aún se desconoce a nivel general y popular que se trata de una
enfermedad y se ignoran los factores de riesgo, o bien, aun conociéndolos, no
se les ha dado la importancia necesaria, ya que existen drogas que la sociedad
acepta y concibe como algo “normal” y por tanto no existe un frente común para
combatirlas, amén de la accesibilidad y disponibilidad de dichas sustancias
como son el tabaco y el alcohol.
Debemos
dejar de concebir a las adicciones como el resultado del uso y abuso de alguna
sustancia, ya que existen otro tipo de adicciones conductuales que causan el
mismo efecto en el cerebro que el consumo de drogas y que pueden ser tan
dañinas como estas últimas, como son la adicción a comer, al sexo, a los juegos
de azar, al uso del internet, la pornografía, los video juegos, etc.
Por
último pero no menos importante está el hecho de que la adolescencia es una
etapa de un alto riesgo y vulnerabilidad para caer en una adicción, ya que el
desarrollo del cerebro se termina de gestar, aproximadamente en los primeros
años siguientes a cumplir los veinte, lo que hace que el uso de alguna sustancia
durante la adolescencia altere el cerebro de manera permanente dificultando de
manera exponencial el uso de algún tratamiento para dicha enfermedad.
Ante
todo este panorama tan desolador sobrevive la pregunta, entonces ¿qué se puede
hacer al respecto? La respuesta es simple y llana, prevenir la adicción,
existen diversos modos de hacerlo pero todos ellos empiezan con un cambio de
concepción, con tener información adecuada y veraz y con comunicar de manera
masiva no solo causas y consecuencias, sino acciones directas que lleven a
evitar este mal social, que, justamente por ser un problema social, nos
corresponde a toda la sociedad colaborar para disminuirlo hasta erradicarlo de
ser posible y no solo pensar que es problema de quien lo padece, necesitamos pues,
un cambio de concepción, de consciencia
y de actitud a nivel social que esté acorde a los nuevos conocimientos
generados por la ciencia en este campo.
REFLEXIÓN SOBRE EL POR QUÉ ELEGÍ ESTE
TEMA Y DE DONDE PARTÍ PARA DESARROLLARLO.
La
elección del presente tema obedece básicamente a tres motivos, el primero
porque los temas del área de la Psicología son de especial interés personal,
siempre me han apasionado y me siento sumamente atraído a su lectura y de ser
posible su estudio. El segundo de ellos es porque mi postura ante el consumo de
las drogas de cualquier tipo siempre ha sido muy radical, tengo cero tolerancia
hacia el uso de las mismas, aun cuando se traten de las definidas como
aceptables socialmente hablado (cigarro y alcohol), desde adolescente decidí a
cuidar mi salud de manera enérgica, aun cuando ello me haga parecer como
alguien antisocial o aburrido y por último porque de los cuatro temas, este se
relaciona directamente con el campo de la salud, que es justamente el mismo de
la carrera para la cual estoy cursando el presente propedéutico, la
licenciatura en Nutrición, toda vez que el artículo aporta datos muy
interesantes sobre algunas adicciones que no se originan por el consumo de
alguna droga y una de ellas es justamente los desórdenes de tipo alimenticio,
tema relacionado con el campo de estudio de la nutrición.
Para
desarrollar el presente ensayo, partí de una lectura analítica y crítica del
artículo en cuestión y lo enriquecí con la lectura de otros artículos que me
permitieron contextualizar y comprender mejor el texto referido, después hice
un esbozo con las principales partes que identifiqué en el texto al analizarlo,
en donde clasifique las ideas según los temas que logre identificar, por último
redacté mi escrito dotándolo de una introducción que permitiera al lector no
solo identificar el tema a tratar, sino que percibiera su importancia y
trascendencia, desarrolle los puntos esbozados y redacte las conclusiones
incluyendo las ideas más importantes junto con un mensaje directo, que a mi
parecer, aporta el artículo original.
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
Guerrero
Mothelet, V. (2013). El cerebro adicto. ¿Cómo ves?, N°. 177, (Pp. 10- 14).
México: UNAM. Recuperado el 13/04/15, de:
Becoña,
E. & Oblitas, L. A. (2002, 02 de febrero). Adicciones y salud. Revista
PsicologiaCientifica.com, 4(2). Disponible en:
Volkow
ND (2014) Las drogas, el cerebro y el comportamiento: La ciencia de la adicción,
National Institute on Drug Abuse. Recuperado el 15/04/16, de: