lunes, 25 de abril de 2016

Ensayo sobre el artículo "El Cerebro Adicto".




Por Verónica Guerrero Mothelet publicado en la Revista “¿Cómo ves?” de la UNAM.

 

La historia de las adicciones es tan antigua como la historia del hombre mismo, lo cual es lógico ya que estás han sido y son resultado de la naturaleza del cerebro humano. Las investigaciones en este campo han demostrado que desde la noche de los tiempos, en la mayoría de las civilizaciones ancestrales, el fumar tabaco o marihuana, mascar hojas de coca, esnifar preparados psicoactivos, beber pócimas son algunos de los ejemplos más notorios sobre el uso de lo que hoy se conoce con el nombre de drogas (Becoña, 1998b).

Durante mucho tiempo el problema de las adicciones fue concebido por la sociedad como un problema de falta de moralidad y una muy débil fuerza de voluntad, en otras palabras, era un problema meramente conductual relacionado con un comportamiento erróneo derivado del mal albedrío de cada persona y a una pronunciada ausencia de entereza e interés para decidir hacer lo correcto y llevarlo a cabo. Desde la tercera década del siglo anterior, en que la ciencia empezó a abordar de manera formal investigaciones en este campo, hasta nuestros días, se había tenido dicha concepción del problema, no solo a nivel social, sino incluso por algunos estudiosos del tema.

El problema de las adicciones nunca es un problema ajeno, es decir, nunca es el problema de alguien más, todos, directa o indirectamente conocemos a alguien que tenga algún tipo de adicción, ya sea al cigarro, al alcohol o a otro tipo de drogas menos aceptadas socialmente hablando y la mayoría de nosotros, incluyendo a quienes padecen una adicción seguimos percibiendo las adicciones como un problema de índole moral.

Las adicciones pueden ser hacia muy diversos objetos, pero la manera en que responden todos los sujetos que las padecen es sumamente parecida, ya que todas las adicciones generan la misma reacción química en el cerebro y este descubrimiento es justamente la causa por la que actualmente se ha transformado la manera de concebir, prevenir y curar las adicciones.

 

LA CONCEPCIÓN ACTUAL DE LAS ADICCIONES.

Hoy en día, las adicciones ya son definidas como enfermedad crónica caracterizada por la búsqueda y el uso compulsivo de una sustancia a pesar de saber los daños que ocasiona y aunque a la fecha no existe una cura definitiva y permanente, se sabe que dicha enfermedad puede ser tratada incrementando la calidad y duración de la vida de quienes la padecen.

Los estudios de la investigadora mexicana-estadounidense Dra. Nora Volkow, quien estudió medicina en la UNAM y es hoy directora del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos (NIDA, por sus siglas en inglés) revelaron a través de la observación de la imágenes cerebrales el efecto de las drogas sobre diversas zonas del cerebro y permitieron encontrar la causa física de la dependencia de algunas sustancias como la cocaína y los opioides. Dicho descubrimiento llevó a entender por qué quienes padecen esta enfermedad, aunque quieran, no pueden dejar las sustancias que son objeto de su adicción por sí solos, sino que realmente necesitan de tratamiento particular, lo cual es un indicador fehaciente e importante de que las adicciones tienen todas las características de una enfermedad. Actualmente la adicción se considera una enfermedad del cerebro debido a que se ha comprobado científicamente que las drogas alteran la química, la estructura y el funcionamiento de ese órgano, lo que permite definirla como tal y no como un mero problema relacionado con una moralidad deficiente de quienes la padecen y falta de fuerza de voluntad e interés por superarla.

 

PRINCIPALES CONSECUENCIAS DE LAS ADICCIONES.

De acuerdo con el Dr. Rubén Baler, científico de la salud de la Oficina de Políticas Científicas del NIDA "La adicción es una enfermedad que progresa por etapas", explica, además, que en la primera etapa las personas utilizan sustancias para alcanzar la euforia que brindan, pero este consumo de drogas se convierte muy rápido en enfermedad en quienes las utilizan en forma crónica. El cerebro empieza a adaptarse a la sustancia y aparecen los primeros signos de dependencia. Dentro de algunos signos que sugieren adicción, destacan los siguientes: consumir la droga de manera regular, imposibilidad de dejarla, gastar en droga más de lo que se tiene, extralimitarse para obtener droga (incluso robar) y sentir que se necesita la droga para funcionar cotidianamente.

Un efecto inequívoco es la pérdida de control aparte de que la misma le produce dependencia, tolerancia, síndrome de abstinencia y una incidencia negativa muy importante en su vida, Gossop (1989) definió como elementos característicos de una adicción: 1) un fuerte deseo o un sentimiento de compulsión por llevar a cabo la conducta particular (especialmente cuando la oportunidad de llevar a cabo tal conducta no está disponible); 2) la capacidad deteriorada para controlar la conducta (especialmente, en términos de controlar su comienzo, mantenimiento o nivel en el que ocurre); 3) malestar y estado de ánimo alterado cuando la conducta es impedida o la deja de hacer; y 4) persistir en la conducta a pesar de la clara evidencia de que le está produciendo graves consecuencias al individuo. En la misma línea, Echeburúa (1999) considera como características principales de las adicciones la pérdida de control, la fuerte dependencia psicológica, la pérdida de interés por otras actividades gratificantes y la interferencia grave en la vida cotidiana. Ahora, gracias a las investigaciones de la Dra. Volkow, se pueden explicar todos los efectos anteriormente descritos, la respuesta es porque las sustancias que son objeto de las adicciones cambian la química del cerebro, es decir, las sustancias y compuestos presentes en él, así como su estructura, es decir, su anatomía y como resultado de ambas cosas, su dinámica fisiológica; dicho de forma simple, la manera en que funciona. Padecer un adicción hace que nuestro cerebro no sea el mismo y se vuelva adicto al consumo de la sustancia por la que inició la enfermedad.

El abuso de las drogas modifican varias áreas del cerebro como el tallo cerebral, responsable del ritmo cardiaco, la respiración y el sueño; la corteza cerebral, que procesa la información sensorial y nos permite pensar, planear, resolver problemas y tomar decisiones (aquí se origina el círculo vicioso de la dependencia), y el sistema límbico, donde se encuentra el circuito de recompensa del cerebro. Dicho sistema lleva al individuo a repetir conductas necesarias para la supervivencia y la reproducción como alimentarse y tener sexo y todo esto resultado de los cambios en el cerebro como secuela de la adicción.

Una vez en el cerebro las drogas impiden su sistema de comunicación e interfieren en el proceso normal de intercambio de información neuronal, ya que las células nerviosas se comunican por medio de sustancias químicas (neurotransmisores) que transmiten mensajes entre ellas. Una neurona libera el neurotransmisor, que cruza el espacio interneuronal, conocido como sinapsis, y se adhiere a un receptor (una proteína) en otra neurona. Neurotransmisor y receptor embonan como una llave en una cerradura, pero al estar presente una droga, todo este proceso se ve alterado.

La composición química de las drogas como la mariguana y la heroína es tan similar a la de un neurotransmisor natural, que los receptores las aceptan como si fueran el neurotransmisor. Otras drogas, como las anfetaminas y la cocaína, hacen que se generen una cantidad exagerada de neurotransmisores naturales o inhiben al organismo para que recicle el exceso de estas sustancias. En consecuencia, el mensaje interneuronal se intensifica, impidiendo una comunicación normal.

La mayoría de las drogas interfieren con la actividad de un neurotransmisor llamado dopamina, cuyo papel es fundamental en las sensaciones de placer. De acuerdo con la Dra. María Elena Medina Mora Icaza, directora del Instituto Nacional de Psiquiatría "Ramón de la Fuente Muñiz" (INPRF) "El cerebro está condicionado a repetir conductas que permiten la supervivencia y las drogas actúan produciendo una activación mucho mayor de la que ocurre en las situaciones naturales de recompensa”, es decir, el cerebro  se vuelve incapaz de sentir placer por las recompensas naturales, pues se acostumbra rápidamente a las dosis masivas de dopamina que se producen al consumir una droga, lo que provoca que reduzca su producción natural, o bien disminuyendo la cantidad de receptores que captan la señal de este neurotransmisor. Así, cuando falta la droga el cerebro ya no cuenta con dopamina suficiente y la persona deja de disfrutar cosas naturalmente placenteras, lo que conduce a la apatía y a la depresión. "Cuando el cerebro comienza a adaptarse a altos niveles de dopamina, el individuo tiene que usar más y más droga para obtener el mismo efecto", añade Rubén Baler. Es decir, se genera tolerancia a la droga. En el individuo que ha llegado a esta etapa, la falta de droga provoca el llamado síndrome de abstinencia, con síntomas como ansiedad, irritabilidad, náuseas, insomnio, episodios de sudoración, temblores y psicosis, y puede llevar a la muerte.

Algunas investigaciones demuestran que la tolerancia a las drogas puede ocasionar severos cambios en las neuronas y en los circuitos cerebrales, con secuelas generalmente graves. Por ejemplo, si el abuso de drogas altera la concentración óptima de un neurotransmisor llamado glutamato, que participa tanto en el circuito de la recompensa como en la capacidad de aprender, el cerebro intentará compensar el cambio dañando en ocasiones la función cognitiva. Igualmente, el abuso de sustancias a largo plazo suele ocasionar condicionamiento: ciertos factores ambientales se empiezan a asociar con la experiencia de la droga y provocan un deseo incontrolable de consumirla.

Tal condicionamiento llega a ser tan fuerte que la adicción puede resurgir incluso tras muchos años de abstinencia.

Según Baler: "El cuerpo es uno, y lo que vemos como dependencia psicológica es una manifestación de los cambios en el cerebro, que intenta adaptarse y manejar niveles anormales de neurotransmisores". El consumo crónico de drogas deteriora el autocontrol y la capacidad de tomar decisiones adecuadas; estas adaptaciones del cerebro a las sustancias llevan al ansia incontrolable de consumirlas aunque el individuo sepa que tienen efectos catastróficos.

Todas las adicciones pueden tener graves consecuencias para la salud y las relaciones humanas y, por tanto, para el bienestar personal, familiar y social. Este trastorno afecta varios circuitos cerebrales. "No solamente el circuito que calcula la recompensa", dice Rubén Baler, "sino también los relacionados con el aprendizaje, con la memoria, con el control de emociones, con la toma de decisiones; son varios circuitos. Todos interactúan entre sí y muestran una disfunción en el adicto". Asimismo, dependiendo de la sustancia y del tiempo que se haya empleado, los efectos sobre la salud pueden ir de enfermedades cardiovasculares, enfisema o cáncer, al desarrollo de trastornos mentales irreversibles.

Siendo adicto se corre también el riesgo de sufrir o infligir a otras personas algún daño no intencional, o de incurrir en actos de violencia o delitos por influencia de las drogas o de la abstinencia.

 

PRINCIPALES CAUSAS DE LAS ADICCIONES.

Ahora que la ciencia nos permite concebir a las adicciones como una enfermedad y conocer sus efectos en el cerebro y por tanto explicar la conducta de quienes la padecen, es necesario saber cuáles son las causas que las originan, es decir, por qué el ser humano se vuelve adicto a alguna sustancia determinada.

Se han identificado dos principales tipos de factores que propician la tendencia a ser adicto, esto son: De origen Biológico y de origen Ambiental.

Los factores biológicos son innatos, es decir, son factores genéticos que determinan cierta tendencia en el individuo a tener alguna adicción y explican entre el 40 y 60% del riesgo total.

El resto de los factores son Ambientales, es decir, factores adquiridos de nuestro entorno y son de tipo social, cultural e incluso dietético (como en el caso del consumo de sal, azúcar y grasa, entre otros alimentos).

De acuerdo con Baler no existen personas sin riesgo genético absoluto. "No se trata de uno o cuatro genes que sean malos". Contamos con miles de genes. En última instancia, el que se desarrolle el comportamiento adictivo dependerá tanto de lo innato como de la influencia del entorno. De tal modo que hasta una persona que tenga genes que propician el comportamiento adictivo, si en su primer entorno (familia, amigos, compañeros de escuela) no se usan drogas ni se tiene contacto directo con las mismas, será muy poco probable que dicho individuo desarrolle adicción, lo cual indica que debe existir la incidencia fuerte y directa de ambos factores para que se presente la adicción.

Para Baler algunos individuos pueden ser más vulnerables que otros, ya que presentan un mayor riesgo de desarrollar una conducta de abuso de sustancias y son las personas propensas a conductas de riesgo o a la búsqueda de novedades.

Factores de Riesgo:

De acuerdo al National Institute on Drug Abuse dentro de los Principales Factores de riesgo relacionados con las adicciones se encuentran los siguientes:

•          Conducta agresiva temprana

•          Habilidades sociales deficientes

•          Ausencia de supervisión paterna

•          Compañeros/amigos que abusan de sustancias

•          Disponibilidad de la droga

•          Pobreza

 

La adolescencia como factor de riesgo.

 

Uno de los factores de riesgo y vulnerabilidad más importante para padecer algún tipo de adicción es la adolescencia. La Dra. Medina mora explica "Toda la parte del cerebro que es responsable del juicio, raciocinio y control de la conducta se desarrolla hasta los veintitantos años". Como los adolescentes suelen tomar sus decisiones a partir de las emociones y no del juicio y el raciocinio, es más probable que abusen de las sustancias. El problema principal es que en esa etapa de desarrollo el cerebro es mucho más vulnerable. "La adolescencia es una época en la que se están desarrollando todas las conexiones y exponer el cerebro a las drogas a esa edad tiene consecuencias mucho más dañinas", indica la especialista. Los daños que causa la mariguana en el cerebro pueden ser reversibles en las personas que la empiezan a consumir en la edad adulta, pero no hay evidencia de que lo sean cuando el abuso comienza en la adolescencia. Las investigaciones sugieren que en este caso las consecuencias duran mucho más. "Al reunir a todas las personas que han estado expuestas una o más veces al uso de sustancias, controlando todas las demás variables, hemos encontrado que quienes desarrollan dependencia generalmente comenzaron a usar drogas dos años antes que aquellos que no la desarrollaron. Y aunque el punto de corte son los 17 años, para el caso de la mariguana tenemos el riesgo incrementado hasta los 26 años". Esto significa, según la especialista, que los adolescentes no deben ni beber, ni fumar, ni usar otras drogas "y que tenemos que trabajar con todas las políticas públicas que nos ayuden a protegerlos".

 

Por lo que se refiere a los usos medicinales de la mariguana la doctora Medina Mora señala: "Todo este asunto de la mariguana medicinal realmente confunde a los jóvenes". Si bien anteriormente pudieron exagerarse los daños que provoca, esto no significa que sea una droga inocua. Asimismo, es un error pensar que, por ser un producto natural, no hace daño. "La heroína y el opio también provienen de productos naturales y causan una dependencia terrible". Además, es un riesgo que ocurra con ella lo mismo que con algunos medicamentos para aliviar el dolor, que pueden causar fuertes dependencias y son actualmente el principal problema de abuso de sustancias en Estados Unidos. En ambos casos, manejados correctamente cumplen su función, pero si se hace incorrectamente, pueden ser muy peligrosos

 

Otros padecimientos mentales como factor de vulnerabilidad..

 

Otro grupo de riesgo está formado por las personas que tienen algún tipo de padecimiento mental, como bipolaridad o esquizofrenia. "Sabemos que existe un gran porcentaje de comorbilidad (es decir, de presencia de dos trastornos simultáneos: la adicción y una enfermedad mental)", afirma el Dr. Baler. Aproximadamente 60% de las personas con problemas de abuso de sustancias tienen también una enfermedad psiquiátrica.

 

La Dra. Medina Mora ilustra con el caso de un niño con problemas de ansiedad; por ejemplo, las fobias que surgen más o menos a los siete años. Si este niño llega a la edad adulta sin encontrarse con las drogas o con el alcohol, probablemente ya para entonces podrá resolver su problema. No obstante, si en su adolescencia prueba el alcohol y descubre que éste reduce la ansiedad, confundirá ese efecto con la solución de sus problemas y será mayor el riesgo de que desarrolle dependencia. Ya adulto seguirá teniendo el problema de la ansiedad y además una adicción. Es importante identificar lo más pronto posible a la gente que padece enfermedades psiquiátricas o, en general, que es más vulnerable a caer en adicciones.

 

El uso de drogas como la mariguana en edades tempranas aumenta el riesgo de depresión. Algo similar sucede con la esquizofrenia, cuyo riesgo aumenta entre una y siete veces en quienes empezaron a fumar mariguana antes de los 25 años.

 

LA DEPENDENCIA ES UNA CONSTANTE, PERO PUEDE VARIAR.

 

Se sabe que una constante en el padecimiento de las adicciones es la dependencia, lo cual ya quedó explicado con anterioridad, pero que es lo que ocasiona que algunas drogas generen mayor dependencia a ellas que otras, la respuesta según la Dra. Elena Medina Mora es que hay sustancias que por sí mismas son muy adictivas como la heroína que desde que se usa por primera vez ocasiona una modificación estructural del cerebro, pero otras sustancias adictivas como el alcohol, el tabaco y la benzodiazepina (medicamento psicotrópico que actúa sobre el sistema nervioso central) producen dependencia muy rápido en las personas propensas.

 

Existen tres elementos que son clave para que se genere una adicción; lo adictiva que sea la droga, su disponibilidad o accesibilidad y el grado de aceptación social, es decir que tan permisiva sea la sociedad con respecto a su consumo. La directora del INPRF señala que el riesgo se puede medir en un laboratorio con modelos animales. Por ejemplo, una rata de laboratorio es capaz de preferir la cocaína al alimento hasta la muerte, pero esto no sucede con la nicotina. Sin embargo, entre los humanos hay tres veces más adictos a la nicotina que a la cocaína y esto tiene que ver con que la nicotina es más fácil de adquirir y su consumo no es del todo mal visto por la sociedad. En el caso del alcohol, otra droga de fácil acceso y con amplia aceptación social, entre el 10 y el 15% de las personas que beben desarrollan la dependencia. Uno de sus principales síntomas es el aumento de la tolerancia; es decir, se necesita beber más para experimentar los efectos deseados. La tolerancia se desarrolla muy rápido y anteriormente se explicó dicho fenómeno por el condicionamiento del cerebro llevando a perder el autocontrol y cayendo de manera franca en manos de la dependencia.

 

OTRO TIPO DE ADICCIONES.

 

No toda adicción está relacionada con el uso y abuso de alguna sustancia, existen otras adicciones que no implican el consumo de alguna droga. Un descubrimiento, realizado por investigadores del Scripps Research Institute de California en estudios con animales, en 2010, sugiere que los mismos mecanismos cerebrales que participan en la adicción a las drogas aparecen en la compulsión de comer y el consecuente desarrollo de la obesidad. En ambos casos el exceso puede provocar una descompensación en el circuito de recompensa; en los comedores compulsivos, los impulsa a buscar alimentos ricos en grasas. Esta similitud hace pensar que muchas de las compulsiones, o conductas adictivas humanas (por ejemplo, adicción al sexo y a los juegos de azar) podrían tener relación con desequilibrios de dopamina o de otros neurotransmisores. Así, aunque en principio estas conductas no sean adictivas, pueden llevar a la adicción.

 

Actualmente destacan las nuevas adicciones comportamentales sin sustancia, como resultado de nuestra sociedad tecnológica, como la adicción al Internet, a los juego de azar, al teléfono móvil, a las líneas telefónicas eróticas, a la pornografía, a las compras, y a un amplio etcétera de conductas que pueden llegar a ser tan adictivas como las que se generan a partir del consumo de una sustancia (Becoña, 1998b).

 

EL TRATAMIENTO DEBE SER COMO UN TRAJE A LA MEDIDA.

La Dra. Medina Mora señala que "las drogas también son un problema social con muchas facetas porque tener un adicto en la familia la modifica, afecta su calidad de vida y tiene un impacto emocional, económico y social". Por esta razón se buscan enfoques de tratamiento que permitan a las personas con adicción abandonar la sustancia, pero al mismo tiempo que modifiquen, desde el aspecto bioquímico y conductual, las causas que provocan y agravan su adicción. Para que un tratamiento sea efectivo debe atacar por todos estos frentes. "Por ejemplo, hay que entrenar de nuevo los circuitos neuronales que calculan las recompensas naturales: la de la comida, la de salir con amigos, la del sexo. Todos los aspectos de la recompensa natural que se volvieron disfuncionales en el adicto", señala el Dr. Baler.

Lo mismo sucede con los circuitos relacionados con la voluntad (memoria, emociones, toma de decisiones). "Cada uno de estos aspectos relacionados con las funciones ejecutivas tiene que ser atacado de un modo distinto", dice Baler. Así, algunos pueden recibir tratamiento con fármacos; otros requerirán terapias cognitivo-conductuales o intervenciones motivacionales, entre otras terapias de eficacia probada en las personas adictas y que también suelen combinarse con fármacos. No obstante, añade Baler, "el mensaje importante es que la adicción conlleva el desajuste de muchos circuitos, y que para tratar al adicto deben tenerse en cuenta todas las disfunciones al mismo tiempo".

 

LA PREVENCIÓN COMO MEJOR ENFOQUE.

 

Pero para no llegar a necesitar tratamiento De acuerdo al Dr. Baler la mejor opción para evitar el desarrollo de un adicción y por tanto evitar la necesidad de buscar un tratamiento es la prevención universal: "Evitar todo lo que sabemos que es dañino y tratar de promover y enaltecer lo que sabemos que es positivo".

 

Anteriormente se señaló que entre los factores negativos se encuentran en el ambiente próximo como, por ejemplo, los padres adictos, la pobreza extrema, la mala nutrición, la falta de ejercicio, así como un ambiente que no sea confiable para los chicos y, desde luego, un entorno de violencia. "Deben evitarse esas actividades desafiantes, o de franca delincuencia", pues son factores de muy alto riesgo. Baler añade que no es cuestión de magia. "Todo lo que promueve un ambiente saludable por fuerza va a reducir el riesgo absoluto de abuso de sustancias".

 

Por su parte la Dra. Medina Mora agrega que "tenemos que trabajar para que se deje de vender alcohol a los adolescentes", lo que sucede incluso en tiendas establecidas que funcionan las 24 horas. También hay que detener la disponibilidad de inhalables y de cigarros sueltos. Proteger a los adolescentes de las drogas es fundamental (también anteriormente se ha explicado con el gran riesgo y vulnerabilidad a las adicciones en dicha etapa del crecimiento del ser humano), "pues toda la evidencia de salud pública nos habla de un riesgo mayor en la adolescencia”. Al documentar tanto la investigación que ha realizado la Dra. Volkow como la que ha financiado el Instituto Nacional de Psiquiatría se encontraron todos los elementos que definen la adicción como una enfermedad tratable. Ahora la política pública debe reunir esta evidencia científica, compartirla con la población y convertirla en una convicción social.

 

De acuerdo al National Institute on Drug Abuse dentro de los Principales Factores de Protección se encuentran los siguientes:

•          Autocontrol

•          Relaciones positivas

•          Supervisión y apoyo paterno

•          Información

•          Políticas contra el uso de drogas

•          Cohesión comunitaria

 

 

CONCLUSIÓN.

 

Es muy importante destacar que la concepción actual de las adicciones ha cambiado gracias a las investigaciones con rigor científico que se han implementado en este campo, lo cual ha permitido que se dejen de entender como meros problemas de moralidad deficiente y falta de interés y fuerza de voluntad para combatirlas por parte de quienes las padecen,

 

Se debe comunicar de manera masiva y con especial énfasis el hecho de que las adicciones son en realidad una enfermedad de tipo crónico que se ocasiona por el uso de ciertas sustancias que una vez en el cerebro modifican su estructura química, física y por tanto su funcionamiento, lo cual hace que el individuo sea incapaz de superarlas por sí mismo y sin tratamiento alguno.

 

Las adicciones deben ser concebidas como enfermedades que si bien, no tienen cura definitiva y permanente, pueden ser tratadas a modo de mejorar la calidad y duración de la vida de quienes la padecen.

 

En términos generales las consecuencias del consumo de drogas son de tipo conductual, familiar y social, todas ellas como resultado de los cambios que generan en el cerebro las sustancias que son objeto de la adicción, mismas que al entrar en contacto con dicho órgano lo alteran a nivel químico, anatómico y fisiológico transformando a quien lo padece en un individuo incapaz de tomar las decisiones correctas ni de superar por sí mismo dicha enfermedad y haciéndolo cada vez más dependiente a la misma, hasta causar, en la mayoría de los casos, consecuencias sumamente dramáticas, catastróficas y generalmente irreversibles de no ser tratadas oportunamente.

 

Dentro de las causas podemos identificar dos tipos de factores: los biológicos (genéticos o innatos) y los ambientales (los adquiridos por la influencia del entorno). Cabe destacar que los estudios demuestran que para que se origine una adicción debe haber una franca relación entre ambos, lo cual es muy revelador porque da la pauta para identificar la mejor alternativa de solución a dicho problema social, que es justamente la prevención.

 

La adicción nunca es el problema de una sola persona, es un problema de nuestra sociedad que sigue vigente aún con todos los avances de la ciencia y esto obedece a que aún se desconoce a nivel general y popular que se trata de una enfermedad y se ignoran los factores de riesgo, o bien, aun conociéndolos, no se les ha dado la importancia necesaria, ya que existen drogas que la sociedad acepta y concibe como algo “normal” y por tanto no existe un frente común para combatirlas, amén de la accesibilidad y disponibilidad de dichas sustancias como son el tabaco y el alcohol.

 

Debemos dejar de concebir a las adicciones como el resultado del uso y abuso de alguna sustancia, ya que existen otro tipo de adicciones conductuales que causan el mismo efecto en el cerebro que el consumo de drogas y que pueden ser tan dañinas como estas últimas, como son la adicción a comer, al sexo, a los juegos de azar, al uso del internet, la pornografía, los video juegos, etc.

 

Por último pero no menos importante está el hecho de que la adolescencia es una etapa de un alto riesgo y vulnerabilidad para caer en una adicción, ya que el desarrollo del cerebro se termina de gestar, aproximadamente en los primeros años siguientes a cumplir los veinte, lo que hace que el uso de alguna sustancia durante la adolescencia altere el cerebro de manera permanente dificultando de manera exponencial el uso de algún tratamiento para dicha enfermedad.

 

Ante todo este panorama tan desolador sobrevive la pregunta, entonces ¿qué se puede hacer al respecto? La respuesta es simple y llana, prevenir la adicción, existen diversos modos de hacerlo pero todos ellos empiezan con un cambio de concepción, con tener información adecuada y veraz y con comunicar de manera masiva no solo causas y consecuencias, sino acciones directas que lleven a evitar este mal social, que, justamente por ser un problema social, nos corresponde a toda la sociedad colaborar para disminuirlo hasta erradicarlo de ser posible y no solo pensar que es problema de quien lo padece, necesitamos pues, un cambio de concepción, de consciencia  y de actitud a nivel social que esté acorde a los nuevos conocimientos generados por la ciencia en este campo.

 

REFLEXIÓN SOBRE EL POR QUÉ ELEGÍ ESTE TEMA Y DE DONDE PARTÍ PARA DESARROLLARLO.

La elección del presente tema obedece básicamente a tres motivos, el primero porque los temas del área de la Psicología son de especial interés personal, siempre me han apasionado y me siento sumamente atraído a su lectura y de ser posible su estudio. El segundo de ellos es porque mi postura ante el consumo de las drogas de cualquier tipo siempre ha sido muy radical, tengo cero tolerancia hacia el uso de las mismas, aun cuando se traten de las definidas como aceptables socialmente hablado (cigarro y alcohol), desde adolescente decidí a cuidar mi salud de manera enérgica, aun cuando ello me haga parecer como alguien antisocial o aburrido y por último porque de los cuatro temas, este se relaciona directamente con el campo de la salud, que es justamente el mismo de la carrera para la cual estoy cursando el presente propedéutico, la licenciatura en Nutrición, toda vez que el artículo aporta datos muy interesantes sobre algunas adicciones que no se originan por el consumo de alguna droga y una de ellas es justamente los desórdenes de tipo alimenticio, tema relacionado con el campo de estudio de la nutrición.

Para desarrollar el presente ensayo, partí de una lectura analítica y crítica del artículo en cuestión y lo enriquecí con la lectura de otros artículos que me permitieron contextualizar y comprender mejor el texto referido, después hice un esbozo con las principales partes que identifiqué en el texto al analizarlo, en donde clasifique las ideas según los temas que logre identificar, por último redacté mi escrito dotándolo de una introducción que permitiera al lector no solo identificar el tema a tratar, sino que percibiera su importancia y trascendencia, desarrolle los puntos esbozados y redacte las conclusiones incluyendo las ideas más importantes junto con un mensaje directo, que a mi parecer, aporta el artículo original.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

 

Guerrero Mothelet, V. (2013). El cerebro adicto. ¿Cómo ves?, N°. 177, (Pp. 10- 14). México: UNAM. Recuperado el 13/04/15, de:


 

Becoña, E. & Oblitas, L. A. (2002, 02 de febrero). Adicciones y salud. Revista PsicologiaCientifica.com, 4(2). Disponible en:


 

Volkow ND (2014) Las drogas, el cerebro y el comportamiento: La ciencia de la adicción, National Institute on Drug Abuse. Recuperado el 15/04/16, de:


 

 

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